La lluvia acida
El
hombre, a través de sus actividades perturba el medio ambiente e interfiere en la
precipitación de dos maneras fundamentales: con la construcción de ciudades y con
el vertido de contaminantes a la atmósfera uno de sus efectos más destructivos
es la lluvia ácida, así denominada por la elevada acidez del agua precipitada.
La
lluvia ácida es un problema ecológico que no respeta fronteras, ni siquiera el Ártico
está libre de tal contaminación. ¿De dónde proviene el ácido? Ya no hay duda de
que la mayor parte se origina en automóviles, hogares, fábricas y plantas de
energía. Siempre ha existido un poco de ácido en la lluvia alimentada por
volcanes, pantanos y el plancton de los océanos, pero los científicos saben que
ha aumentado abruptamente en los últimos 200 años.
La lluvia se vuelve ácida
principalmente por la presencia de dos elementos químicos: azufre y nitrógeno.
El azufre se encuentra en la hulla y el petróleo. Al quemarse forma bióxido de
azufre, que se mezcla con las gotas de agua en las nubes y se convierte en
ácido sulfúrico.
Como resultado de la combustión, el nitrógeno forma óxidos que
se transforman en ácido nítrico al reaccionar con las moléculas de agua. Se
considera lluvia ácida aquella que tiene un PH (potencial de nitrógeno)
inferior a 5,6. Existen diversas fuentes naturales de lluvia ácida: entre
otras, los compuestos de azufre que resultan de las erupciones volcánicas. A
pesar de estos contaminantes naturales el PH (potencial de nitrógeno) del hielo
glacial llega a casi 5,0, lo que significa que las emisiones naturales de los
compuestos ácidos no son el origen principal de la lluvia ácida, sino las
actividades de las sociedades humanas, como La combustión de carburantes fósiles (petróleo,
gas y carbón) por fábricas, centrales eléctricas, hogares y vehículos libera
dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno. Estos gases no sólo ejercen un efecto
nocivo sobre las cosechas, los árboles y los edificios del entorno más inmediato,
sino que atraviesan largos recorridos transportados por el viento.
Durante el trayecto,
los rayos solares los transforman en sulfatos y nitratos. Una vez secos, estos
contaminantes se resisten a caer al suelo, y tan sólo la lluvia y la nieve
logran extraerlos de la atmósfera. Así, son absorbidos por las nubes y convertidos
en ácido sulfúrico y nítrico, ambos solubles en agua, que se depositan a
continuación, disueltos en la lluvia, la nieve o la niebla, sobre las plantas,
los árboles, los lagos y los ríos, los mares y los suelos, teniendo consecuencias
negativas sobre el medio ambiente, porque no sólo afecta a la calidad del agua,
sino también a los suelos, a los ecosistemas y, de modo particular a la
vegetación.
Daños de la lluvia ácida.






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